Ecuatorianos, ¡pero libres!
Un país que no conoce su pasado es un país sin bases. Nada que no disponga de bases sólidas, firmes se mantiene en pie, y se deja seducir y llevar por la marea de turno, pues perdió la fuerza de ir contra corriente porque sencillamente no le importa a dónde va.
No hay que olvidar las historias que relatan nuestros historiadores porteños como Rodolfo Pérez Pimentel, Gerardo Peña Matheus o Manuel Palacios, o extranjeros apasionados por nuestra historia como Carlos Núñez Calderón de la Barca, profundos conocedores de nuestras raíces. Historias que evocan nuestro pasado y que lo revalorizan con cada libro y cada artículo publicado investigando nuestra identidad, para comprender nuestros orígenes y errores del pasado, para así evitar repetirlos y construir un verdadero futuro mejor.
El saber que como costeños y como ecuatorianos no provenimos de pueblos mal llamados “ignorantes’’ sino más bien de verdaderas civilizaciones, no civilizaciones vecinas sino nuestras, forjadas por nuestros ancestros, que tenemos una historia rica que si fuera debidamente investigada y estudiada, destrozaría cualquier argumento que pretenda afirmar que toda huella de cultura provino de otros pueblos. Siendo firmes en este argumento, empezaríamos a entender lo que es el honor de ser llamados ecuatorianos.
Es que parecería que olvidamos nuestro pasado, olvidamos los pueblos de los cuales provenimos, olvidamos nuestras revoluciones y personajes, olvidamos la importancia de la Independencia de Guayaquil, olvidamos el Canto a Junín y Las cruces sobre el agua; olvidamos nuestras luchas contra piratas y contra dictaduras, contra mentes sedientas de poder. Olvidamos que fuimos fuertes y nos volvemos débiles, olvidamos que luchamos contra uno de los mayores imperios de la historia y le ganamos obteniendo la Independencia, y ahora nos escondemos tras los pórticos de nuestras casas temerosos de los delincuentes. Olvidamos que nos levantamos de las cenizas de los incendios y de la furia de los terremotos. Creemos que las historias de nuestro pasado son ajenas a nosotros o no nos incumben porque fueron realizadas por grupos étnicos o sociales distintos al nuestro. Y no entendemos que las historias de los indios, negros, mestizos, blancos, costeños y serranos son nuestras historias, que su sacrificio es nuestro sacrificio y que cualquier abismo o disputa social, étnica o religiosa que sea abierta solo nos aleja del ideal por el cual lucharon nuestros ancestros; ¡el ideal de ser ecuatorianos libres y nada más que eso!
Fernando Xavier Insúa Romero,
investigador, Guayaquil
No hay que olvidar las historias que relatan nuestros historiadores porteños como Rodolfo Pérez Pimentel, Gerardo Peña Matheus o Manuel Palacios, o extranjeros apasionados por nuestra historia como Carlos Núñez Calderón de la Barca, profundos conocedores de nuestras raíces. Historias que evocan nuestro pasado y que lo revalorizan con cada libro y cada artículo publicado investigando nuestra identidad, para comprender nuestros orígenes y errores del pasado, para así evitar repetirlos y construir un verdadero futuro mejor.
El saber que como costeños y como ecuatorianos no provenimos de pueblos mal llamados “ignorantes’’ sino más bien de verdaderas civilizaciones, no civilizaciones vecinas sino nuestras, forjadas por nuestros ancestros, que tenemos una historia rica que si fuera debidamente investigada y estudiada, destrozaría cualquier argumento que pretenda afirmar que toda huella de cultura provino de otros pueblos. Siendo firmes en este argumento, empezaríamos a entender lo que es el honor de ser llamados ecuatorianos.
Es que parecería que olvidamos nuestro pasado, olvidamos los pueblos de los cuales provenimos, olvidamos nuestras revoluciones y personajes, olvidamos la importancia de la Independencia de Guayaquil, olvidamos el Canto a Junín y Las cruces sobre el agua; olvidamos nuestras luchas contra piratas y contra dictaduras, contra mentes sedientas de poder. Olvidamos que fuimos fuertes y nos volvemos débiles, olvidamos que luchamos contra uno de los mayores imperios de la historia y le ganamos obteniendo la Independencia, y ahora nos escondemos tras los pórticos de nuestras casas temerosos de los delincuentes. Olvidamos que nos levantamos de las cenizas de los incendios y de la furia de los terremotos. Creemos que las historias de nuestro pasado son ajenas a nosotros o no nos incumben porque fueron realizadas por grupos étnicos o sociales distintos al nuestro. Y no entendemos que las historias de los indios, negros, mestizos, blancos, costeños y serranos son nuestras historias, que su sacrificio es nuestro sacrificio y que cualquier abismo o disputa social, étnica o religiosa que sea abierta solo nos aleja del ideal por el cual lucharon nuestros ancestros; ¡el ideal de ser ecuatorianos libres y nada más que eso!
Fernando Xavier Insúa Romero,
investigador, Guayaquil
En nuestra esencia como ciudadanos esta nuestra historia, la que no debemos olvidar porque forma nuestra identidad. Excelente articulo Fernando nos demuestras lo que somos y nuestro anhelo de libertad.
ResponderEliminarmuchas gracias,espero tratar mas asuntos de nuestra y otras sociedades
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